Testimonios de pacientes

María

“Empecé en terapia con mucho miedo. Mi pareja ya había tenido la experiencia de asistir a consulta cuando, en su adolescencia, supuso un shock muy fuerte su orientación sexual, en primer lugar, para ella y en segundo, para toda su familia. Mi caso era bastante diferente. Siempre había mantenido relaciones heterosexuales y esta era la primera vez que me enamoraba de otra mujer.

Intenté luchar contra ello. No podía ni sabía aceptarlo. Mantenernos escondidas estaba suponiendo un problema muy grande para mi novia. Tanto que me planteó poner fin a nuestra relación, y en este punto decidí pedir ayuda y ambas fuimos a terapia. Necesité sesiones individuales para asumir mi orientación y trabajar sobre aspectos personales que necesitaba mejorar. Yo, que siempre había pensado que era tan progre y abierta, me encontraba ahora en un callejón sin salida. Ayudar a integrar mi situación y todos los cambios que se produjeron en mí me ayudó mucho. Trabajar sobre aquellos aspectos que estaban entorpeciendo y dañando nuestra relación, también.

Mi experiencia ha sido muy positiva. He aprendido muchas cosas sobre mí y me ha ayudado a mejorar nuestra relación en muchos aspectos.”

Lorena y Juana

“Mi relación de pareja hacía años que naufragaba. No tenía estímulos para seguir: estábamos continuamente enfrentados el uno al otro, con continúas rabietas y peleas. Acudí recomendada con muchas reticencias sobre si me iba a servir o no. Afortunadamente, no hice caso a mis dudas y asistí a las primeras sesiones. Me sentí cómoda desde el primer momento y nada enjuiciada, sino escuchada. Eso me aportó tranquilidad para poder trabajar mi problema de pareja. Desde el primer momento comencé a comprender que muchas cosas de mi relación tenían que ver con mi relación conmigo misma. Poco a poco, sesión tras sesión, ejercicio tras ejercicio, fui equilibrando mi yo, mis tres centros: el corporal, emocional y mental. Al tiempo que iba equilibrándome yo, mi relación también iba avanzando. Esto hizo que mi pareja también decidiera acudir a consulta y todo fue mucho mejor. Empezamos a comprendernos a nosotros mismos y al mismo tiempo nuestra pareja comenzó a crecer de forma sana, con nuestros límites, comenzando a crear por primera vez un proyecto común de manera sincera el uno con el otro.”

Paco y Marta

“Fui a terapia de pareja bastante negado, la verdad. Hasta ese momento, nunca había creído en la psicología ni en la terapia de ningún tipo. Sentí que mi mujer me había hecho una trampa, puesto un ultimátum. Fui el primer día muy cabreado por esto y aunque no lo reconocí hasta más adelante, muy asustado, porque no quería perderla.

El trabajo fue duro y gratificante al mismo tiempo. Esa manera de trabajar en la consulta y luego, como siempre los llamaba yo, “los jueguecitos de sala”, se convirtieron en la semilla de la que quisimos hacernos responsables mi mujer y yo, en lugar de chillarnos el uno al otro que no se regaba.

Aprender a escuchar es casi lo que más destaco en mi caso. Para mí, mi mujer parloteaba constantemente y siempre se estaba quejando. No la escuchaba. No quería saber en el fondo cómo estaba. No quería escuchar lo sola y abandonaba que se sentía en tantas cosas, como compañera de vida, como madre de nuestros hijos, como amiga…. Perdonarme todo esto fue un proceso. Entender que yo no era el malo de la película, también. Que los dos pudiésemos asumir nuestra parte de responsabilidad nos rescató de la separación. Mi mujer también comprendió que ambos teníamos diferentes ritmos y que no siempre yo podía responder de su misma forma. Que en ocasiones, por su exigencia, no me permitía hacer aquellas cosas de las que tanto se quejaba, sintiéndose luego mal con ella y conmigo. Poder hablar de nuestras dificultades, sin reprocharnos, era algo que jamás habíamos hecho hasta ese momento.

Mejorar nuestra forma de comunicarnos fue crucial, igual que las sesiones individuales que tuvo cada uno de nosotros. Reírme durante tantos años de esta profesión y luego ver cómo me han ayudado dos grandes profesionales ha sido una auténtica bofetada sin manos. “Palos al ego”, que los llamaban.

Gracias.”

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